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Molinos
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La polémica llega, en ocasiones,
hasta tal punto, que tienen que intervenir los reyes poniendo
orden mediante mandatos de obligado cumplimiento, Ejecutorias o
Cartas de Privilegios.
Martín Martínez en la conferencia que pronunció en los
Encuentros de Escritores y Artistas Cepedanos, aportó documentos
sobre la Moldería Real, conservados por la Junta Central del
Embalse de Villameca. Afirmó que en la ciudad de Astorga habría
veinticinco molinos harineros.
Censo de molinos
en La Cepeda >> +
Info
Vuestras sugerencias.
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Como
entonces no disponíamos de embalses que guardasen el agua del
invierno para el verano, se producían frecuentes pleitos porque
cada uno "llevaba el agua a su molino" y dejaba a otros
"a secas".
Los Reyes Católicos, Carlos V, Felipe II, Fernando VI y Carlos
III terciaron en las múltiples y variopintas polémicas polémicas
entre cepedanos y astorganos.
¿Cuántos molinos había en La Cepeda para justificar tal polémica?
Según el censo realizado por nosotros en septiembre de este año
(1998), entre molinos que aún funcionan, molinos en buen estado,
molinos en ruina y restos de edificaciones de molinos de tipo, hay
más de cien.
Las ninfas y la Danáe cepedana decidieron hacer con la fuerza de
las aguas los duros trabajos que venían soportando los humanos.
De pronto, comenzaron a mover muelas de molino, turbinas
generadoras de luz, martillos de fraguas, sierras para aserrar
madera, telares o pisones y fábricas de hacer fundas de paja
destinadas a las botellas de coñac o champán.
Las fraguas, de funcionamiento hidráulico, se combinaban con las
convencionales que utilizaban el tradicional carbón vegetal
cepedano.
La inmensa mayoría de las fraguas están en ruinas; convendría
reconstruir alguna, pues las había en cantidad.
El poeta y crítico literario Eugenio de Nora vivió casi siempre
sobre un canal de agua; primero en Zacos, donde las aguas movieron
la sierra paterna y después en San Andrés del Rabanedo, donde
las aguas del sótano de su casa empujaban las turbinas de una fábrica
de luz.
La ruta de los molinos cepedanos podría partir de Astorga.
1- Tras
pasar la vía del tren, hay un viejo molino que funciona todavía
a diario. En él muelen principalmente centeno, trigo, cebada, maíz...
El dueño es muy amable y se presta a enseñarlo al viajero, dando
todo lujo de detalles.
Sólo en Sopeña-Carneros hay siete molinos, e incluso hubo un
balneario.
2- En la línea entre Sopeña y Carneros está uno de los molinos más
interesantes de La Cepeda. Su dueña lo enseña con mucho gusto y
un pizquito de melancolía-orgullo. Se trata de un molino de tres
ojos o tres muelas. En una molían el trigo, en otra la linaza. La
muela de la linaza está desmontada, pero las otras dos permanecen
preparadas para funcionar cualquier momento.
Aguas abajo el viejo puente de hierro, una magnífica playa
fluvial quiere recoger la tradición de aguas medicinales y
fortificantes que había en el balneario de La Forti.
Estas aguas están benditas porque al saltar el caballo del patrón
Santiago, imprimió tal fuerza que marcó las herraduras en la
roca e hizo caer al agua el manto del apóstol, cuajando el
río Tuerto de gracias y nenúfares. Como diría el confesor de
Teresa de Cepeda, "con sola su figura / vestidos lo dejó de
su hermosura".
3- Poco más arriba - Villaobispo de
Otero-, tras unirse los ríos
Tuerto y Porcos , siete molinos contres pisones dan fe de su
abundancia.
Unos son de piedra, otros de tapial, casi siempre cubiertos de de
teja. Cuatro molinos más había en La Carrera. Los documentos
reales señalan que las gentes de La Carrera fueron especialmente
duras a la hora de defender sus derechos sobre las aguas; hasta
tal punto que Fernando VI les hacía especiales recomendaciones
para que no produjeran tumultos y respetasen las normas. Veintiún
molinos y tres pisones, al menos, en el Municipio de Otero
levantan acta de una cultura del agua, y de los telares.
4- Sabemos que también en el municipio de Villamejil
hubo molinos y
telares desde la época romana. Se han encontrado molinos en el
castro de Quintana de Fon y en Revilla. Incluso han aparecido
fusayolas o elementos pertenecientes a telares romanos. En
aquellos tiempos la tarea se realizaba a base de fuerza y maña
humanas.
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Molino de Amparo y Julio en Sopeña
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Interior de un
Molino
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5- Si desean ver otro molino funcionando, deténganse en
Vega de Magaz. Éste
aún tiene todos los elementos característicos de un viejo molino. Les
contarán que Vega fue durante varios años el centro industrial de La
Cepeda. La fábrica de harinas y el ferrocarril construyeron aquel
esplendor, hoy casi apagado.
Conforme nos encaminamos a la sierra cepedana se achica el chopo- símbolo
de La Cepeda baja-, mientras el roble se va adueñando de las laderas. Las
manchas de pinos también compiten, con un verdor intenso, por un lugar en
el espacio.
Sin darnos cuenta nos encontramos al borde del embalse más conocido,
Villameca. En su construcción trabajaron gentes de la Comarca y presos
políticos; inaugurado en 1946, cambió la faz de la Comarca cepedana. Por
esta razón se celebra aquí la Fiesta de La Cepeda el 25 de julio (día
del patrón Santiago).
El cueto de San Bartolo es el monte sagrado de los cepedanos. Los
hospitalarios de San Juan construyeron sobre él un molino de viento, el
único de este tipo que existe aquí. Al Cueto se puede subir en coche,
en bici, a caballo o caminando. Merece la pena aunque sólo sea para
contemplar uno de los paisajes más bellos de la provincia.
6- Al bajar de este Sinaí ecológico, observen las aguas que cubren el
molino de la Camba, sito en el inundado Oliegos. Cayetano A. Bardón lo
describía así: "Nunca hudunada veise un mulin rastreiru de aqueisus
que solasmentes arrichan cuandu llueve y amuelan tan quedo, que al cayere
lus granus de centeno de la canaleya, i diz un granu al outru, "vas
tu o voy you", "vas tu o voy you".
Si recorren la carretera- quizás deberíamos llamarle camino de carros-
Astorga-Pandorado, no podrán menos de admirar la sierra de Villar, y un
pueblo con sabor celta, Villarmeriel. Aguas purísimas, verde intenso,
cielos absolutamente limpios. Sólo algún rebaño tiñe de blanco
movedizo el granate incesante de las urces. En primavera, el color violeta
del paisaje puede quedar desplazado, en pocos días, por el amarillo total
de codejos y piornos. Las abejas lo saben perfectamente.
Aproveche para hacer fotos, no encontrará con facilidad colores tan
intensos.
Cuando vuelva, se sorprenderá porque el color blanco ha invadido por
completo los montes como si los hubiéramos cubierto con una inmensa
sábana de lino recién salida del pisón. El molino-palloza
7- Pocos kilómetros después entrarán en el balcón de La Cepeda; así le
llaman a San Feliz de las Lavanderas. Al lado de la carretera, integrado
en un paisaje de castaños, acebos y salgueros, encontramos el
molino-palloza. Hace algunos años este molino estaba perfectamente
conservado; ahora, tras el deterioro sufrido, la actual restauración lo
devolverá a su ser.
Desde el molino vemos la iglesia, orgullosa de ostentar en el arco
principal la cruz de los hospitalarios de San Juan. Esta orden cuidaba de
los molinos propios y de los peregrinos que transitaban por la ruta de
Cerezal.
8- Si seguimos este camino jacobeo secundario en dirección a Santiago de
Compostela, llegaremos pronto a Quintana del
Castillo, antes Quintana de
Cepeda. Se siente aquí la paz de la plaza, presidida por un crucero
jacobeo. Si entramos un momento a la iglesia en restauración, sentiremos
que nos encontramos en la catedral de La Cepeda. El arroyo que lame
sus cimientos movió dos molinos harineros. Su harina dio suficiente pan a
todos los que recuperaron fuerzas en la taberna el Mellao. Incluso
trituró pienso para los numerosos caballos deambuleantes por las praderas
cepedanas.
9- El Municipio con más molinos es el de Villagatón-Brañuelas. Veintiocho
según nuestras cuentas y el trabajo de campo realizado a tal efecto.
Montealegre, además de morirse de pena ante las ruinas de su iglesia
románica, guarda seis molinos, acurrucados entre casas de piedra y
girones de tapial o adobe.
10- En los Barrios de Nistoso, inmensos montes de
brezo (urces) circundan su soberbia iglesia, sola ante el peligro.
En este municipio la minería cohabita con la agricultura y la ganadería.
La Silva, Ucedo o Valbuena de la Encomienda son pueblos bonitos,
escondidos entre la montaña y la vegetación. Las aguas medicinales les
dieron fama y los molinos ganancias. Tierras de molinos y batanes. En esta
Comarca a los batanes les llamamos popularmente pisones, aunque
conservamos el verbo abatanar. Se trata de artilugios de madera,
imprescindibles en una economía de subsistencia y de autoabastecimiento.
Los cepedanos también fabricaron sus vestidos, sus sábanas, sus
cobertores y sus quilmas. Empleaban lana o lino de su cosecha. En otro
tiempo, los molinos simbolizaron el progreso; derrocharon actividad,
envidias y canciones:
"Debaixo del molino, nació el romero;
quién fuera cortexiada del molinero".
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Molino de Tabladas
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Molino de Oliegos
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Fuente> Antonio
Natal Álvarez & Camino Isabel Álvarez Pérez
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