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Por Magaz discurre el río
Rodrigatos. Si pasamos por la calle principal llama la atención el
jardín de la casa de Tano García, un popular vecino que con
mucha paciencia reproducido edificios en miniatura y figuras de
Disney con los que decora su jardín.
Se encuentra uno de los pocos existentes palomares cuadrados de La
Cepeda.
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Pescador en Magaz de
Cepeda
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EXCURSIONES EN MAGAZ DE CEPEDA
A la salida del pueblo en dirección
a Vega de Magaz, se encuentra una de las pocas norias
que aún no se han desmantelado. Era frecuente el uso de este método
de extracción de agua antes de la construcción de los pantanos y
la llegada de los motores de riego.
De los numerosos castros que se encuentran en La Cepeda, en Magaz
encontramos el único donde aún se conservan restos visibles de
la antigua fortificación. El castro
prerromano se encuentra sobre el Porcos y la carretera,
y en él se conserva notable lienzo de la muralla rústica que ceñía
la zona superior. Había otro muro paralelo a al primero más
abajo del que no queda más que un gran cembo de tierra. En la
parte trasera y excavados en roca, están los fosos que ayudaban a
proteger el asentamiento. La Huerta de la
Corona, como se conoce al interior del castro, es el
lugar donde más restos arqueológicos se han encontrado y
cimentaciones de posteriores asentamientos.
Este castro también cuenta con su leyenda, se dice que el rey
Magarzo se hizo enterrar en la fortaleza acompañado de una
reproducción suya de oro a tamaño natural, al más puro estilo
egipcio. Otras dicen que se hizo enterrar con cuatro caballos de
oro que tiran de una carroza dorada junto con los planos y medidas
para encontrar tesoros ocultos. Se cuenta que "cuando
alguien, al fin halle el tesoro, saldrá el rey Magarzo precedido
de signos. Se oirán campanas, se abrirán las puertas y una riada
muy grande inundará el valle, llegará el rey de oro montado a
caballo, y el primero que lo vea, morirá".
Un vecino de Benamarías apostó por encontrar dicho tesoro e
invirtió una fortuna para encontrarlo. Al fracasar en su búsqueda,
según dicen los vecinos, murió de melancolía, dejando calicatas
y barrancos surgidos por la excavación en busca del oro.
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