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| LA
VEGUELLINA |
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Conocida como La Veiga, formaba
junto con Castro y Ábano el Concejo de San Cristóbal y es de
ellos el que más restos arqueológicos posee.
El pueblo entero aparece coloreado por una tonalidad rojiza,
posiblemente debido a las excavaciones auríferas romanas, que
hace que se conozca a sus habitantes como los
"barrosos". Uno de ellos es Virtudes, la última
tejedora artesanal de La Cepeda.
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Placa de los
Marqueses de Astorga
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Excavaciones auríferas
romanas
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Aunque no se conserva en buen
estado, allí se encuentran las ruinas de lo que fue una gran casa
solariega con la capilla familiar perteneciente a los marqueses de
Astorga. También es la cuna de la familia
Cepeda, señores de La Comarca, antepasados de Teresa de Cepeda y
Ahumada, más conocida como Teresa de Jesús. Fueron
dueños del castillo de San Cristóbal, del que apenas quedan
restos.
La Veguellina ha sido conocida también como La Veiga, y las casas
del pueblo se encuentran justo debajo de La Corona, sobre los
sedimentos de los materiales que se desprendieron por los trabajos
auríferos romanos.
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El pueblo entero
coloreado por una tonalidad rojiza
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EXCURSIONES EN LA VEGUELLINA
Sin duda debemos ascender a La
Corona, montaña redonda en forma de magdalena con
barrancos circulares, situada justo sobre la mayor parte de las
rojizas viviendas del pueblo. Cubierto de matorrales se encuentran
los restos de explotación aurífera de los romanos mediante la técnica
de "ruina montiun" (se desgastaba la montaña alrededor
de de anillos circulares y se excavaban túneles donde se echaba
el agua que traían de Villarmeriel y San Feliz) que le da ese
particular aspecto. Con el pasó de los años, se construyó el
castillo de San Cristóbal que fue donado al obispo astorgano
Pedro Andrés en 1210 por Alfonso IX. Ya en el siglo XIV pasó
a manos de los Cepeda, señores de la Comarca, y llegó a manos de
doña Isabel de Rojas, que por ella pasaría a las posesiones del
marquesado de Astorga. Entró en ruina al quedar deshabitado pero
hay datos que confirman que llegó a estar en poder del rey moro
Abdelamelij donde acuñaban oro, plata y monedas que formaban
parte de un soñado tesoro. Todavía se puede observar lo que los
lugareños conocen como "el Vallao", pequeño valle
estrecho y profundo que debió ser el foso.
Desde lo alto de La Corona se alcanzan a ver los compartimientos
hundidos y sepultados. Alrededor de la mitad de la falda está El
Campanario, pequeño descanso en donde se bajó una
campana procedente del castillo y se refundió para la actual
iglesia.
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